Pensamiento mágico

Parece gracioso ver pequeños niños llorar al notar que una sombra los sigue, ellos huyen y lloran atemorizados.
No comprenden que es la sombra de su propio cuerpo. Corren a refugiarse en una sombra mayor que desaparece la suya.

En los adultos, esto continúa a través de las supersticiones. Ellas pueden ser positivas o negativas, por ejemplo, pensar que comer el corazón de un toro, te dará su fuerza; o pasar por debajo de una escalera 🪜 repegada a la pared, te traerá una desgracia.

Las supersticiones se viralizan y contagian, de ahí las creencias de los pueblos con expresiones «Me echaste la sal», «Eres ave de mal agüero», «estás salado», etcétera.

En las comunidades y pueblos, las personas tienen sus «mitos» y creencias supersticiosas que sincretizan su fe. Ejemplo de ello son las peregrinaciones o «pasear al santo patrono» para que llueva, pedir un favor o pagar una «manda». Así pues, las grandes fiestas patronales que terminan en excesos.

En fin, el adulto sigue huyendo de su propia sombra y protegiéndose con «ciertas cosas», como amuletos que para él son su protección ante su incertidumbre y ansiedad.

Las personas en sus usos y costumbres muestran su fe, la fe en «eso» que piensan que les protegerá y les libra de maleficios.

¿Superstición? Puede ser, pero… El respeto y la tolerancia nos hace preguntarnos: ¿Quién soy yo para llamar superstición a la fe de él? ¿O él a la mía?

En fin, huir de nuestra propia sombra y refugiarnos en una mayor nos hace descansar, y si es en la sombra de Dios, ¡Es segura!

Salmo 91:1-6
EL que habita al abrigo del Altísimo, Morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en él confiaré.
Y él te librará del lazo del cazador: De la peste destruidora.
Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro: Escudo y adarga es su verdad.
No tendrás temor de espanto nocturno, Ni de saeta que vuele de día;
Ni de pestilencia que ande en oscuridad, Ni de mortandad que en medio del día destruya.

¡Bendiciones, amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida!
Pbro. Carlos César González Cruz.

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