No pidas dinero prestado a tu amigo
“No tengan deudas pendientes con nadie, a no ser la de amarse unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha cumplido la Ley. Porque los mandamientos que dicen: ‘No cometas adulterio’, ‘no mates’, ‘no robes’, ‘no codicies’, y todos los demás mandamientos, se resumen en este precepto: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. El amor no perjudica al prójimo. Así que el amor es el cumplimiento de la Ley”.
Romanos 13:8-10
Todos hemos pasado por momentos de dificultad económica y, en esas circunstancias, acudimos a quienes pensamos que pueden ayudarnos. Por eso, nos acercamos a nuestros amigos y les pedimos dinero prestado para salir de algún apuro.
Sin embargo, corremos el riesgo de que nos digan que no. Cualesquiera que sean sus razones, existe la posibilidad de que nuestra relación con ellos cambie después de esa respuesta.
Pero, si nuestros amigos nos dicen que sí, también corremos otro riesgo: que, por las razones que sean, no podamos devolver el dinero prestado. En ese caso, una buena relación de amistad puede deteriorarse e incluso llegar a causar un daño considerable.
No pidas dinero prestado a tu amigo. Por favor, no lo hagas.
Tus familiares y amigos pueden conocer, por ti mismo, la situación por la que estás pasando. Platícales lo que te sucede, sin pedirles dinero. Ellos podrán tomar su propia decisión: prestarte o regalarte la cantidad que esté a su alcance y que deseen destinar a tu necesidad. Tú, por tu parte, respeta su decisión.
Administra tus recursos. Siempre procura guardar un poquito para afrontar esos momentos inesperados de necesidad.
También te recomiendo que no prestes dinero sin antes reflexionar. Siempre les digo a quienes, de buena fe, deciden prestar su dinero: pregúntate antes de hacerlo: “¿Estoy dispuesto a no enojarme y a olvidarme de este dinero si nunca regresa a mis manos?”
Si la respuesta es no, piénsalo dos veces.
Es mejor que el apoyo que brindes a un amigo en necesidad sea un regalo, de acuerdo con tus posibilidades y tu voluntad. Así evitarás que una deuda se convierta en motivo de resentimiento y afecte una relación valiosa.
Al final, la decisión es tuya.
¡Bendiciones, amigos y hermanos caminantes del camino!
Pbro. Carlos César González Cruz.




