Locuras lúcidas

Doña Juana, cansada de las diabluras de su chamaco, que a pesar de haber hecho su primera comunión y con la esperanza que ella tenía, que después de esta ceremonia se compondría y sería un buen chico, sin embargo, este angelito iba de mal en peor. Ella le hizo creer, que había demonios, que llegaban a meterse en los muchachos rebeldes y desobedientes. Ante esto, el jovencito empezó a sufrir crisis de pánico. Hizo venir al Padre de la parroquia para que hablara con él y le pusiera el agua bendita.

El padre le miró fijamente a los ojos, y le dijo:

_ Hay dos caminos, el bueno y el malo; hay dos formas de comportarse, obediente y desobediente; bien o mal; hay dos lugares a dónde te vas a ir, con Dios o con el diablo. Tú elijes, tú decides. ¿Quieres tener paz o quieres tener miedo? ¿Entendiste? _.

El chamaco azonzado, asintió con la cabeza.

Doña Juana se quedó pensando:

«Ya no sé si agradecer a Dios o al Diablo; Dios es tan bueno, perdona lo malo y el diablo es tan malo que castiga. La bondad de Dios nos hace abusar y el miedo a Satanás nos hace alejarnos de la perdición. Las bendiciones de Dios, llevan a muchos a perderse, pero, el hombre perdido, es zarandeado por el diablo, solo así busca a Dios.

La gente que va a la iglesia, son arreados por el diablo. También hemos de agradecer al diablo, al fin de cuentas, su trabajo es acercarnos a Dios. ¡Gracias diablo mío! __. Exclamó en voz alta, sin pensarlo.

El cura volteó a verla y preguntó: “¿Qué has dicho?” Ella lo llamó a parte, le preguntó:

__ Padre, si Dios es tan bueno, ¿Por qué no quita al diablo? Y, si no lo quita, pienso que realmente nos es tan bueno como lo creemos; si no lo puede quitar, entonces, no es tan poderoso como creemos. Ay padre, creo que, gracias al diablito, buscamos y servimos a Dios.

El Padre le dijo:

__ Hija, el diablo era un ángel de Dios, fue hecho para servir a Dios, pero desobedeció y fue derrocado, aquí en la tierra hace su mala labor de usar a las personas para lo malo. Dios tiene un tiempo en el que lo juzgará. Nosotros tenemos consciencia de lo bueno y lo malo, y sabemos a quién debemos servir.

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Santiago 1:13-15.

¡Bendiciones, amigos y hermanos, caminantes del camino llamado vida! Pbro. Carlos César Gonzalez Cruz

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