Eso dicen los que saben
“Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y conserve todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Tesalonicenses 5:23.
Enojarse mucho y seguido, puede enfermarte; sí, la irá trae esto:
INFARTOS. – Enojado, tu cuerpo libera adrenalina y cortisol: dos hormonas que preparan a tu organismo para defenderse o escapar. Eso, aumenta la presión arterial, acelera el ritmo del corazón y hace que los vasos sanguíneos se contraigan. Con el tiempo, esto provoca desgaste en el corazón y endurecimiento de las arterias, lo cual puede aumentar el riesgo de sufrir un infarto.
PROBLEMAS DIGESTIVOS. – Cuando te enojas, tu cuerpo cree que está en peligro. No distingue entre un enojo por tráfico o una amenaza real, como si alguien fuera a atacarte. Así que el cerebro activa un sistema de defensa automática, liberando cortisol y adrenalina para sobrevivir. Y para eso, corta funciones que no considera urgentes, como la digestión. Si esto pasa todos los días, el estómago produce más ácido del necesario, se inflama y comienzan a aparecer úlceras, colitis, reflujo y malestar constante. Incluso la flora intestinal se desequilibra, haciendo que digerir ciertos alimentos se vuelva más difícil o doloroso.
DERRAMES CEREBRALES. – Durante un ataque de ira, el corazón bombea con más fuerza. La adrenalina hace que la sangre circule con más presión, y ese aumento súbito puede dañar o romper vasos sanguíneos delicados en el cerebro. Esto puede desencadenar un derrame cerebral. Especialmente si ya existe hipertensión previa, el enojo puede ser el detonante final.
INSOMNIO. – Cuando estás enojado, tu cuerpo entra en estado de alerta. Eso significa que no puede relajarse lo suficiente como para conciliar un sueño profundo. Y cuando se vuelve algo frecuente, tu descanso se fragmenta, te levantas más cansado, y con el tiempo, puede dañar la memoria, la concentración y el sistema inmunológico.
DEPRESIÓN. – El enojo no expresado, cuando se guarda y se acumula, se convierte en frustración. Y esa frustración, a largo plazo, puede convertirse en tristeza. Muchas personas que sufren depresión han vivido años sintiendo enojo constante sin saber cómo procesarlo. Al final, cuando ya no puedes sacarlo hacia afuera, el cuerpo y la mente lo dirigen hacia adentro.
Es inevitable enojarse, pero sí se puede trabajar y procesar. No debemos vivir atrapados en esa emoción todos los días. La salud mental es valiosa e importante. El cuerpo grita lo que callamos, y lo hace enfermándose.
Bendiciones, amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida. Pbro. Carlos César González Cruz






