El deterioro del olvido
Ahí estaba, abandonada y olvidada. Quién la amaba y la había tenido en sus manos ya no estaba. Recuerdo bien esos momentos bonitos que pasamos con la palomilla de muchachos; cantábamos, reímos contentos; felices con este instrumento. Pero, quién la usaba se fue. Un instrumento sin usarse también se deteriora.
Un día regresó, y le dio mucha tristeza ver su instrumento arrumbado por ahí; la levantó sin emitir palabra alguna, la echó en una bolsa de plástico y se la llevó. Días después la trajo y la tocó, sus manos hacían magia con ella, sonaba hermoso, y él cantaba feliz. «La reparé, vean como quedó», nos dijo sonriendo.
No cabe duda que un instrumento olvidado y abandonado es uno y es otro cuando está en las manos de quien lo ama. Nos dijo.
_ Esta guitarra me conserva muchos recuerdos lindos de antaño, por eso la mandé a reconstruir, no me importó el precio_. Nos dijo, mientras pasaba sus manos con delicadeza por toda ella.
Todos nosotros hemos tenido momentos lindos en nuestra vida, nuestra vida ha sido de mucha utilidad y de gran bendición para algunas personas. Pero, algo nos ha pasado y nos deterioramos empezamos a perder lo valioso que teníamos; nos volvimos arrogantes, vanidosos; en lapsos de lucidez que tenemos, sentimos lastima por nosotros mismos. “Yo no era así”, decimos.
¿Dónde y en qué momento perdimos la belleza nuestra? ¿En qué momento dejamos de ser lo que éramos? ¿Quién puede restaurarnos? ¿Cómo podríamos volver a ser lo que antes fuimos? Solo en las manos de Dios.
Nuestra vida se vuelve cansada. ¿A caso no necesitamos una restauración de Dios? ¿A caso no deberíamos venir a él y pedirle que sane y restaure nuestra vida hecha pedazos? ¡Qué momentos lindos con Dios!
Señor, sáname y quedaré sanado; sálvame y seré salvo, porque tú eres a quien yo quiero alabar. Jeremía 17:14.
Bendiciones amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida. Pbro. Carlos Cesar González Cruz.





