De la zona maya al reconocimiento nacional: Ana Juana Bautista y Najil Xookil transformando realidades
En un municipio donde las historias locales rara vez cruzan fronteras, la activista Ana Juana Bautista Escamilla logró convertir su trabajo comunitario en plataforma nacional: ganó el Premio del Orgullo en la categoría Activista en Campaña por Najil Xookil, un proyecto de educación popular que busca visibilizar y atender las brechas que enfrentan poblaciones vulnerables desde la zona maya.
La distinción, que reconoce trayectoria e incidencia, llega tras una temporada intensa de formación y articulación. Bautista Escamilla participó durante 13 días en el programa intercultural Colmex, promovido por Fundación Santander, Fundación CoFe y 17 Colores, donde abordó políticas públicas, estudios de género y desigualdad en la educación superior en el Colegio de México. Poco después fue seleccionada entre 14 jóvenes para el programa de líderes antirracistas impulsado por Racismo MX con apoyo de Nike y Netflix, y formó parte también de la edición latinoamericana de Buses que Inspiran.
“A esto no lo veo como un logro personal, sino como la posibilidad de colocar a José María Morelos en el mapa y demostrar que desde aquí se pueden generar cambios”, dijo Ana Juana. Para ella, el premio y las formaciones han sido herramientas para fortalecer Najil Xookil, su propuesta de educación popular que trabaja desde la colectividad con enfoque en derechos humanos y la Agenda 2030.
Najil Xookil, explicó la activista, nació de la experiencia directa: crecer en espacios donde la violencia y la discriminación eran cotidianas la llevó a buscar alternativas colectivas. El proyecto combina talleres comunitarios, incidencia en espacios institucionales y campañas de visibilidad para atender las intersecciones de género, etnia y orientación sexual que sufren muchas personas en la región.
Además del reconocimiento, Ana Juana fue nombrada embajadora de la Agenda 2030 en Quintana Roo, lo que, dice, ha permitido una mejor articulación institucional y acceso a redes formativas. “He recibido formación en liderazgo, gestión y comunicación; eso nos da herramientas para que la campaña funcione y tenga alcance”, añadió. La activista también trabaja con la Red Juvenil por la Agenda 2030 y ha compartido avances del proyecto en espacios locales como CNM.
Aunque los logros son recientes, la lucha no es nueva: Bautista Escamilla relata que vivió la estigmatización y la violencia en la escuela y la comunidad, experiencias que transformó en motor de su trabajo. “Fui víctima de esos sistemas de opresión, pero lejos de dejarme vencer, busqué caminos para que el acceso a derechos humanos sea real para personas como yo”, afirmó. Ese recorrido personal le da al proyecto un carácter profundamente colectivo y reivindicativo.
Entre los efectos concretos que busca Najil Xookil están la creación de espacios seguros de diálogo, la formación de líderes locales y la incidencia en políticas públicas para garantizar derechos. Ana Juana adelantó que en breve podrá compartir públicamente otro proyecto de alcance en la zona maya, resultado de alianzas internacionales que aún están en proceso de consolidación.
La historia de Ana Juana pone en evidencia que la visibilidad no siempre llega desde las grandes ciudades: a fuerza de trabajo colectivo y alianzas formativas, una activista de José María Morelos convierte experiencias personales en propuestas con potencial transformador. “Hablar de lo que nos atraviesa es necesario, pero lo crucial es preguntarnos qué podemos hacer y cómo cambiar la historia”, concluyó.




