Cuestionan apropiación de símbolos mayas sin consultar a las comunidades
Utilizar símbolos, nombramientos y elementos de la cultura maya sin conocer su origen ni consultar a las comunidades puede terminar convirtiendo una herencia cultural en una simple etiqueta, advirtió el catedrático de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIMQROO), José Manuel Poot Cahún, conocido como el Príncipe Maya.
El maestro en Artes y Lengua Maya, traductor y promotor cultural, cuestionó la utilización de representaciones indígenas con fines simbólicos o de legitimación, al considerar que detrás de cada elemento cultural existen antecedentes históricos, lingüísticos, espirituales y comunitarios que no pueden ignorarse. Su reflexión surge también ante la discusión sobre el uso de símbolos como el bastón de mando en espacios institucionales.
Poot Cahún sostuvo que los nombramientos tradicionales no pueden otorgarse únicamente por decisión individual o institucional, pues corresponden a procesos que históricamente han involucrado a los pueblos y sus comunidades. «Los que deberían de nombrar, de decidir, son los pueblos, las comunidades», expresó.
Explicó que figuras como el Batab, el Jalal-Ach o el Noj-Ch-Mac tienen significados y responsabilidades que requieren preparación, pruebas, reconocimiento y solvencia moral. Por ello, consideró que utilizar estos títulos sin haber cumplido los procesos correspondientes desvirtúa su significado y puede resultar ofensivo para quienes conservan y practican estas tradiciones.
También lanzó una crítica contra quienes buscan obtener apellidos, nombres o conocimientos básicos de la lengua maya con la intención de conseguir nombramientos o posiciones dentro de instituciones públicas. A este fenómeno lo relacionó con lo que denominó «Pochmaya» o «pochindígena», una práctica que, desde su perspectiva, carece de un compromiso auténtico con las comunidades.
El académico advirtió que esta situación también alcanza las acciones afirmativas en materia electoral, cuando se reconocen representaciones indígenas sin que exista una vinculación comunitaria suficientemente acreditada. Consideró que la defensa de la identidad maya requiere jóvenes preparados, comunidades consultadas y un compromiso real con la revitalización cultural, no nombramientos improvisados ni personajes construidos para aprovechar una identidad que tiene raíces mucho más profundas.




