
Revisan la salud de los cenotes
Impulsan una nueva jornada de análisis en la Península.
Por Alejandro García
Centinelas del Agua arrancó agosto con una misión que va más allá del registro rutinario, recorrer diez cenotes de Yucatán y Quintana Roo para actualizar el diagnóstico de la calidad del agua en algunos de los ecosistemas más frágiles de la Península.
La jornada, que combina trabajo de campo y análisis de laboratorio, se inserta en un contexto donde los hallazgos recientes han encendido alertas sobre contaminación química y bacteriológica en diversas zonas de la región, explicó Alejandro López Tamayo, director general de Centinelas del Agua.
El monitoreo actual incluye cenotes ubicados en municipios como Tecoh, Tekit y áreas del oriente de Yucatán, así como puntos estratégicos de Quintana Roo donde la organización ha documentado riesgos crecientes.
En ejercicios previos, los análisis comunitarios realizados en cenotes como U Ch’e’en Cháak, Wuitzan y Becal revelaron escenarios contrastantes, mientras uno de ellos mostró agua libre de contaminación fecal, otros registraron presencia de Escherichia coli, indicador de filtraciones de fosas sépticas o descargas residuales que comprometen la salud de quienes utilizan estos cuerpos de agua con fines recreativos.
López Tamayo mencionó que, la nueva campaña de muestreo busca profundizar en estos hallazgos; parte de las muestras será procesada en el laboratorio de Centinelas del Agua y otra parte en instalaciones de la UNAM en Sisal, Yucatán, con el objetivo de obtener parámetros físico-químicos y bacteriológicos que permitan identificar tendencias, riesgos y posibles fuentes de contaminación.
La organización ha documentado previamente concentraciones elevadas de nitritos y nitratos en pozos y cuerpos de agua de la Península, niveles que superan los límites de la Norma Oficial Mexicana y que no pueden eliminarse con cloración convencional, lo que obliga a recurrir a tecnologías de filtración avanzada como la ósmosis inversa.
En monitoreos anteriores, Centinelas del Agua ha detectado que cerca del 90% de las comunidades evaluadas carece de sistemas de cloración funcional, y que los pozos suelen permanecer sin resguardo, expuestos a manipulación y contaminación. Este contexto convierte cada muestra en una pieza clave para entender la magnitud del problema y orientar acciones de mitigación.





