La Columna Gerardo García
¿Hasta dónde está dispuesto a llegar?
Gerardo García
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Es cierto que la burra no era arisca. Es verdad que lo que más bien pasa es que no se puede creer aquello de que el perro que ladra no muerde. Este canino trae, además de los colmillos puntiagudos, la necesidad de allegarse alimento a costa de morder al ajeno. Ganarse el premio de su respetable, pues.
Parece una medida extrema; pero por más que lo parezca, se analiza, que en medio de su estrategia política de culpar a México de todos los males del pueblo estadounidense, el presidente Trump llegue a emitir algún decreto o alguna medida, que tenga él la facultad ejecutiva de realizarla, que haga más difícil, que obstaculice o encarezca los viajes de los ciudadanos estadounidenses a nuestro país. Que, aprovechándose de la realidad mexicana –no podemos tapar el sol con un dedo, y seguir argumentando que los warnings, por el incremento de homicidios en zonas turísticas, son sólo una medida de presión política- el personaje de marras imponga algún impuesto a los viajeros, que emprenda él una campaña abierta, en contra de los destinos mexicanos –no a través de warnings- o que llegue casi al extremo, de inhibir el trasiego de millones de estadounidenses, basándose en alguna de las facultades presidenciales que tiene. No parecería razonable o posible; pero nada de lo que hace lo era. Trump puede comenzar a hablar, por ejemplo, que en cuestiones comerciales, el déficit entre México y Estados Unidos es enorme. El 40% de los estadounidenses que viajaron al extranjero el año pasado, lo hicieron a nuestro país, y comenzar a estimular el mercado interno de viajes. Algo que de alguna manera ya el ex presidente Barack Obama, buscó conseguirlo en su segundo mandato, cuando lanzó una fuerte campaña, para crecer los viajes al interior de Estados Unidos de sus ciudadanos.
¿Hasta dónde puede llegar?
No lo sabemos. El asunto importante es qué es lo que debe hacer México, ante un escenario posible.
La seguridad en los destinos turísticos es la tarea prioritaria. Es cierto que Baltimore, Washington DC o Chicago, tienen mucho más homicidios que Cancún, pero no hay alertas de viaje a las ciudades estadounidenses y, menos aún, las Policías de aquel país, sufren tal descrédito como las nuestras. La sensación de seguridad no es en absoluto comparable. Es cierto, igual, que la cobertura mediática de los homicidios, es diferente en ambos países; pero no debemos, no podemos obviar que la guerra entre los cárteles mexicanos, ha permeado en el mundo la percepción de un país violento. Y eso es una realidad.
No se puede evitar lo que el presidente Trump haga o diga. Lo que está en las manos de las autoridades mexicanas, es evitar que siga la violencia regenteando.
México ha conseguido en años, consolidar una buena oferta turística, aunque vale decir que acotada en algunos destinos, y en materia de conectividad aérea, se está en el mejor de los momentos. El crecimiento extraordinario en llegadas de viajeros, se debe en buena medida a estos factores. Pero más allá de lo que Trump haga, si no se detiene la violencia, pues le estarán haciendo la tarea al locuaz presidente.


