La fe que no se apaga: doña Flora, una vida al servicio del rezo

Con una medalla de la Virgen de Guadalupe colgando sobre su pecho y una mirada serena que refleja años de devoción, doña Flora Magaña, de 78 años, encarna la fe profunda que aún perdura en las comunidades rurales de la zona maya. Su vida ha sido un testimonio constante de amor a Dios y de servicio a los demás, siguiendo la tradición católica que heredó de sus padres y que ha mantenido firme a lo largo de toda una vida.


“Desde los 12 años empecé a hacer rosarios. Una vecina me enseñó y me gustó tanto que nunca lo dejé. Iba de casa en casa rezando, aunque tuviera mis hijos chiquitos”, recuerda doña Flora, quien hoy forma parte activa de la Legión de María, grupo parroquial que organiza oraciones y visitas a los hogares para fortalecer la fe comunitaria.


Su compromiso nació en medio de los caminos polvorientos y de las veladas junto a las velas encendidas por los difuntos. Cada rezo, dice, era una manera de acompañar al pueblo en la alegría o el duelo.

“Siempre fui católica, y así voy a morir. Muchos me decían que cambiara, pero no. Mi familia es de la iglesia, y así nos vamos a quedar”, afirma con serenidad.


A lo largo de los años ha visto cómo la participación religiosa en las comunidades ha cambiado. De los 16 integrantes originales de su grupo, apenas tres continúan activos. Sin embargo, ella no pierde el ánimo.

“Aunque ya seamos pocas, no dejo de ir a las reuniones en la capilla. Hay que seguir, no desanimarse”, dice con firmeza.


Doña Flora también ha sido testigo de cómo las nuevas generaciones se alejan de la vida parroquial. Con tono reflexivo, aconseja a las familias “no dejar su religión católica, porque es la verdadera”, y recuerda que la fe se alimenta con la práctica constante del rosario, la lectura de la Biblia y la unidad familiar.


Cada amanecer, antes de saludar al Santo Niño de Atocha, levanta su mirada y le da gracias a Dios. En su voz hay la certeza de una vida entregada al servicio espiritual. Su historia es la de muchas mujeres de la zona maya que, sin hacer ruido, sostienen la fe de sus pueblos con oración, constancia y amor.

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