Desafíos sin fronteras
Madrid, España
Por Agencias Quequi
Mantenerse en forma y realizar un deporte al aire libre en cualquier época del año es, para los más activos, un modo de vida, una ilusión permanente.
Cuando se busca, la discapacidad física no marca un límite. Cuando nace o sobreviene una discapacidad, el deseo por adquirir o mantener experiencias con la naturaleza es un aliciente en el día a día.
Los deportes de invierno se abren camino con el descenso de la temperatura. Los que disfrutan de la montaña y conviven con una discapacidad, están de enhorabuena gracias a programas que facilitan su incorporación a este tipo de actividades al aire libre.
En España, dentro de su programa de acción social, la “Fundación Repsol” patrocina el deporte adaptado. En la temporada invernal, a través de distintas asociaciones, y tal como comentan en la Fundación, la actividad deportiva «aporta, desde el punto de vista psicológico, un motivo para abstraerse momentáneamente de la realidad y de las barreras que se encuentran en la sociedad y ayuda a las personas a fijarse sus propios objetivos de autosuperación, fomentando la inserción social y, por tanto, la integración».
Junto a la Federación Española de Deportes de Personas con Discapacidad Física (FEDDF), la “Fundación Repsol” facilita el material y la infraestructura adecuadas al Centro de Deportes de Invierno Adaptado del Valle de Arán. Con ellas se desarrollan diferentes actividades invernales con condiciones de seguridad y calidad: Esquí alpino, esquí de fondo y curling son algunas de las disciplinas que se practican.
Úrsula Pueyo es una de las beneficiarias del programa. Forma parte del Equipo Nacional de Esquí Adaptado. Esquía desde hace siete años. A los 15 años tuvo un accidente de moto y sufrió la amputación de su pierna derecha, una circunstancia que no transformó su carácter vitalista y emprendedor.
En su historial deportivo se cuentan cuatro medallas, tres de plata y una de bronce, que consiguió en la Primera Copa Paralímpica del Mundo de Invierno, que se celebró en Solleftea, Suecia, en febrero de 2009. En la clasificación general de la Copa de Europa de la campaña de 2015, Úrsula Pueyo concluyó en la cuarta posición.
La esquiadora dejó su isla natal, Mallorca, para trasladarse a vivir al Valle de Arán, donde entrena de martes a domingo. “El deporte favorece la autonomía y la independencia de una persona discapacitada”, comenta.
Reconoce que nunca se ha encontrado con barreras para hacer aquello que se ha propuesto en la vida. “Las barreras las tiene cada uno en la cabeza”, afirma con soltura. Señala que patrocinios como los que ejerce la “Fundación Repsol” siempre son “favorables”, porque permiten sufragar gastos de viajes y equipamiento que, de otra manera, sería difícil de afrontar.
Montañas sin barreras
La “Fundación Repsol” también apoya al club de montaña, “Montañas sin Barreras” que tiene como reto acercar y conseguir que disfruten de la montaña y la naturaleza, deportistas con diversos tipos de discapacidad: Física, sensorial, intelectual o psíquica.
“Montañas sin Barreras” se fundó en 2007 con ese objetivo, y con la intención de ser una iniciativa reducida, pero que se ha convertido “en un gran proyecto”, según comentan sus creadores.
Valentín Ruiz, uno de sus fundadores, explica cuál es su meta y las actividades que se plantea el grupo. “Lo creamos mi compañero Miguel Ángel y yo. A él le falta la mano derecha y a mí la izquierda”. Relata que pertenecían a una asociación que se les quedaba “corta” y entonces decidieron presentar un proyecto que les ilusionara.
“Llevamos toda la vida en la montaña como escaladores de roca”, y no querían que su discapacidad les hiciera olvidar su pasión y “hacer algo para otras personas, nos entusiasmaba desde siempre”, dice.
El desafío que se han marcado desde “Montañas sin Barreras” es lo que se conoce como ascender a “las siete cumbres” de los siete continentes, con la finalidad de llegar al Everest, la más alta de todas ellas.
Durante la primavera de 2009 su intento se centró en el Cho Oyu, de 8,201 metros de altura, la sexta montaña más alta del planeta, en la frontera entre el Tibet y Nepal. Problemas meteorológicos les impidieron llegar a la cumbre, aunque ascendieron hasta 7,200 metros, “pero volveremos al Himalaya”.
La expedición estuvo integrada por alpinistas con amputación de mano y con discapacidad visual y auditiva.
Las dos cumbres más altas escaladas hasta ahora por miembros de “Montañas sin Barreras” rondan los 7,000 metros: el Aconcagua (6.962 metros) y el volcán Ojos del Salado (6,934).
“La dificultad de este tipo de montañas está en la altura y la logística. Hay montañas más bajas pero muchísimo más difíciles”. A pesar de la dificultad que entraña, explica, que todo consiste en “ir despacio y con los deberes bien hechos antes de salir de casa”, aludiendo a la preparación del viaje.
A pesar de que el Himalaya es la estrella, señala que “no todo el mundo está preparado para hacer ese tipo de escalada. Hay muchas maneras de subir a esa montaña y hay muchas rutas”, en las que puede participar cualquiera.
“Lo que pretendemos con este proyecto es ser un espejo donde se puedan reflejar personas muy diferentes con distintos tipos de minusvalía y motivarlas con actividades en la montaña”, disfrutando de su tiempo al aire libre, comenta Ruiz.
Lejos de la incapacidad
Afirma que estar discapacitado no lo obliga a permanecer sentado en un sillón. “Hay que tener otra actitud ante la vida”, y para ellos la montaña es el ejemplo práctico. “No hay barreras”, si no se puede ir por un sitio por el tipo de discapacidad, se “irá por otro”, señala.
La actitud de quienes participan cambia. “Les pone las pilas”, dice. Además indica que el hecho de que vengan “acompañados por su familiares” resulta motivador. “Es muy positivo para la familia porque ven cómo disfrutamos haciendo algo que no es habitual”.
Valentín Ruiz comenta que la expedición McKinley, realizada en Alaska, es una de las que más le ha gustado por el grado de riesgo y compromiso que implicaba. “Aunque en el Himalaya subes a más altura y el riesgo es mayor, en Alaska todo el peso de la expedición recae en ti: tienes que hacerte tú la comida, montar las tiendas, es la montaña pura y dura. En el Himalaya la labor de los sherpas te facilita mucho la tarea”.
Son maneras de disfrutar de los deportes de invierno, que abren posibilidades a quien cree que la montaña y el esquí es un terreno vedado para las personas con discapacidad. No hay que olvidar, tal y como recuerda la “Fundación Repsol” que, desde el punto de vista físico, el deporte desarrolla la capacidad motora, la fuerza física y la coordinación, ayudando a las personas con discapacidad en sus procesos de rehabilitación, al mismo tiempo que potencia la autodisciplina.




