
Revisiones aduanales frenan el flujo turístico en Quintana Roo
Amatur advierte que los controles presenciales y fallas en la operación de equipaje pueden retrasar hasta una hora la salida de pasajeros del aeropuerto de Cancún y afectar su experiencia de llegada.
Por Alejandro García > Quequi
Cancún. La eliminación definitiva de los controles y revisiones aduaneras presenciales en las terminales aéreas del país debe concretarse mediante una reforma legal impulsada por el Ejecutivo Federal o el Congreso de la Unión, debido a que la duplicidad de inspecciones genera retrasos severos en la entrega del equipaje de hasta una hora, obstaculiza la dinámica de recepción de viajeros y representa un procedimiento redundante considerando que los sistemas de rayos X previos a las bandas de reclamo ya garantizan la detección de objetos prohibidos, armas o sustancias ilícitas, según sostuvo Sergio González Rubiera, presidente de la Asociación Mexicana de Agencias de Viajes de Turismo Receptivo (Amatur).
La efectividad de la infraestructura tecnológica actual en los filtros de seguridad previos hace innecesario someter a los pasajeros a un segundo punto de revisión manual antes de salir de las instalaciones aeroportuarias; esta práctica, además de demorar el flujo de visitantes, perjudica la percepción inicial del destino turístico al someter a los viajeros a trámites burocráticos que han sido descartados en la mayoría de los aeródromos internacionales de alta afluencia.
A la operatividad de los recintos aduanales se suman fallas estructurales en las empresas estibadoras encargadas de la descarga de equipajes; asimismo, las bajas percepciones salariales y la constante rotación de personal en dichos servicios derivan en un desempeño deficiente que ralentiza la logística interna de las terminales, afectando la experiencia general del usuario.
A la par de los procesos de inspección, los costos de los servicios comerciales dentro del aeropuerto de Cancún se ubican sustancialmente por encima de los estándares internacionales observados en “hubs” europeos. La disparidad de tarifas en alimentos y productos de consumo genera un entorno poco competitivo frente a recintos de similar envergadura.




