Misión Evangélica: Mis puntos ciegos
Ver algo que no existe se llama alucinación; No ver algo que sí existe se llama pseudo alucinación. Ambas tienen que ver con un trastorno mental.
Atribuir «cosas buenas» a quien no las tiene se llama «Ilusión», esto suele pasarles a los «enamorados» que ven y hablan prodigios de quien se enamoran.
Por fortuna o por desgracia, la sonsera del enamoramiento dura muy poco tiempo, pues las virtudes vistas tan sólo fueron un baño de buenos modales para quedar bien y con el tiempo se va. Con sabía razón algunos dicen que «el amor es ciego, pero que el matrimonio le abre los ojos»
La edad cronológica juega un papel importante en la toma de decisiones para contraer nupcias.
Casarse en la adolescencia es consecuencia de grandes errores, una edad en la que es fácil enamorarse sin entender la responsabilidad que se contrae.
Casarse entre los 24 y 30 puede tener mayor garantía, debido a que a esa edad ya se concluyeron estudios superiores y es probable que también se cuente con un empleo. Casarse después de los 30, ya es algo complicado, no es porque «el tren ya se pasó», sino porque a esa edad la persona es más analítica y detallista.
Bueno, dicen que, de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco, ser optimistas y bastante positivos, puede llevarnos a alucinar, ser bastante críticos y analistas acarrea una pseudo alucinación; enamorarnos del perro, gato o perico, nos lleva a la locura de hablar con ellos, compensarlos, castigarlos y ocuparnos de sus enfermedades como su fueran nuestros hijos, pues a ellos los llevamos al mejor médico y nosotros vamos con el Dr. Simi.
Por ahí dicen que los locos son más felices en su mundo irreal que los cuerdos con sus frustraciones reales.
Mis queridos músicos, poetas y más, la Palabra de Dios sigue diciendo:
“La sabiduría hizo una casa y le puso siete columnas labradas. Hizo además una fiesta, en la que ofreció el mejor vino. Una vez puesta la mesa, mandó mensajeras a la parte alta de la ciudad, para que desde allí gritaran:
Jovencitos sin experiencia, ya que les falta entendimiento, vengan conmigo. Vengan a gozar de mi banquete; beban del vino que he preparado. Si realmente quieren vivir, déjense de tonterías y actúen con inteligencia.”
¡Bendiciones amigos y hermanos del camino en el sendero llamado vida!
SJ. Carlos César González Cruz.





