Miedo a la realidad


Sufrimos más en la imaginación que en la realidad. Nuestra mente puede ser nuestro refugio o nuestra prisión. La mayoría de las veces no somos heridos por lo que sucede, sino por lo que imaginamos que podría pasar.

Creamos tormentas que nunca llegan, enemigos que solo existen en nuestros pensamientos, y dolores que no tienen cuerpo, son solo sombra. Luchamos contra demonios imaginarios, combatimos contra fantasias mentales, locuras que solo están en nuestra cabeza.

El miedo anticipado es una forma de sufrimiento voluntario. Nos desgastamos por escenarios que no existen; por palabras que nadie dijo,

por pérdidas que aún no han ocurrido. La mente, sin control, fabrica fantasmas y los adora como si fueran reales. Pero cuando eliges la serenidad, cuando observas sin reaccionar, descubres que la vida no es tan dura como tus pensamientos.

Las cosas simplemente son: sin dramatismo, sin exceso, sin veneno. Lo que duele no es el hecho, sino la interpretación.

El sabio aprende a respirar antes de pensar, a mirar antes de juzgar, a aceptar antes de resistirse. Porque el control no está en el mundo, sino en la manera en que tu mente lo interpreta.

Libérate del hábito de imaginar desgracias. El 90% de lo que temes nunca sucederá, y el otro 10% podrás enfrentarlo con calma.

Lo que distingue a un espíritu libre, no la ausencia de problemas, sino la presencia de claridad interior.

La paz no se busca fuera, se construye dentro, comienza cuando comprendes que la realidad casi nunca duele, lo que duele es el miedo a sentir esa realidad.

«El que nada debe, nada teme,pero el malvado siempre huye aunque nadie lo persiga». Prov.28:1

Bendiciones, amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida. Pbro. Carlos César González Cruz

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