Los demonios del pasado
Juan José es un buen hombre, trabajador, buen padre, excelente esposo, esa es la opinión de muchos. Lo que muchos no saben es la otra cara de la moneda. Juan José es como muchas personas que tienen otra personalidad, esa que de repente viene y se apodera de uno, desplazando «la buena persona» que otros ven y te hace sentir un miserable.
Nuestro amigo mencionado, llora a solas, pide perdón, se aborrece así mismo y cuestiona a Dios: «¿Por qué Dios mío? ¿Por qué soy así? ¿Por qué causo daño a la gente que más amo?»
Los polifacéticos te pueden sorprender, de pronto descubres que toca el piano, la guitarra, y con admiración le dices: «¡No te conocía ese son!». Si, los polifacéticos cuentan con múltiples aptitudes, hacen muchas cosas; pero las personas que padecen de personalidad múltiple, llamada oficialmente Trastorno de Identidad Disociativo (TID), tienen una afección mental poco común y se caracteriza por la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad distintos que toman el control del comportamiento de forma recurrente, acompañados de lagunas de memoria importantes.
Esto puede parecer inocente, pues pueden jugar el rol de la madre o padre muertos, y en ello imitar sus actitudes, tratando a la familia como ellos los trataban a cada uno.
Independientemente de que todos los seres humanos tenemos nuestros personajes íconos en los que nos inspiramos para ser mejor, citamos sus dichos, caminamos como ellos, asentamos ciertas actitudes de ellos y nuestra mente juega en el papel de ellos. Somos algo raros, jugamos a ser como Dios, bondadosos y algunas veces nuestra personalidad desempeña un papel de demonio.
En fin, nuestro personaje Juan José, le daba tristeza que «los demonios del pasado» lo atormentaran con ese carácter iracundo, agresivo y grosero. Pero en un mundo de locos, el cuerdo es el loco.
Procura que tus demonios del pasado no se apoderen de ti en esos rencores, resentimientos, y corajes; que no se roben tu paz, tu alegría y el estar bien con los tuyos. Lo que pasó, ya pasó.
La Biblia nos dice:
Considero no haber llegado ya a la meta, pero esto hago: me olvido del pasado y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante. Sigo hacia la meta para ganar el premio que Dios me ofreció cuando me llamó por medio de Jesucristo. Filipenses 3:13-14.
¡Bendiciones, amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida! Pbro. Carlos César González Cruz.





