Libre para decidir, pero prisionero de las consecuencias
Un sabio usa su mente, así como usa los ojos para ver por dónde va. En cambio, un tonto es como el que camina en la oscuridad. Proverbios 2:14
Por Pbro. Carlos César González Cruz > Misión Evangélica
Los seres humanos somos libres para tomar las decisiones que queramos; algunas veces, podemos estar en un conflicto entre lo que “deseamos hacer” y lo que “debemos hacer”.
Lo que deseamos hacer, muchas veces es contrario a lo que debemos hacer, ya que el deseo solo cumple con un placer visualizado y en realidad, este no tiene que ser malo, pero en el seguimiento de lo que queremos, surgen cosas que no teníamos contempladas y nos obligan a tomar otras decisiones. Ejemplos hay muchos; imagínate, que has ahorrado por cinco años para comprar un vehículo, pero surge una necesidad, tu madre, padre o hermano debe ser operado de emergencia y no tienen dinero, se acercan a ti para pedirte ayuda, ¿Qué debes hacer? Y ¿Qué es lo que quieres hacer? Decidir entre lo que quieres y lo que debes hacer puede llevarte una confrontación de tus valores, ética y principios.

Pero, imaginemos que una persona, hombre o mujer, casada, con hijos y con un matrimonio “aparentemente estable”, cae en un acto de infidelidad, y queda prisionera de esa relación, los sentimientos de culpa le acechan, disfruta del placer, pero no se siente bien al estar engañando a su pareja, sus hijos y conocidos. Su romance puede ponerla entre la espada y la pared, entre lo que desea y lo que debe de hacer. A más, esta persona tiene conciencia que “es la familia el primer lugar donde se aprende a escuchar, compartir, resistir, respetar y ayudar”. Los llantos en silencio también hablan, las decisiones descabelladas tienen sus razones.
Decidir en libertad no hace a la persona libre, la hace prisionera de sus decisiones, decidir por el deseo hace renunciar al deber, y viceversa; no decidir, también es una decisión. Las decisiones pueden ser, “de lo bueno a lo malo”, pero también “de lo bueno a lo mejor” o también “de lo malo a lo menos peor”.
Las decisiones pueden beneficiar a todos o dañar a todos. Muchas de las decisiones que se toman, deben de tratarse “como una cirugía con bisturí”; o como un leñador toma un hacha, de un tajo”.
El razonamiento entre una y otra cosa hace grande a la persona. El acto de pensar le hace ser “una persona espiritual”; El deseo, puede quedar en la parte humana-Carnal; El deber, en la parte Divina-Espiritual. Por eso, preguntarnos, ¿Lo que deseo es lo que Dios quiere para mi y para los demás? Ahí estaría la respuesta.
¡Bendiciones, amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida!

