Hallan cuerpo de estudiante desaparecido en la laguna ABC
A las 3:40 de la tarde en punto, justo cuando la tensión acumulada parecía haberse convertido en resignación, el cuerpo de Eber, un adolescente de 14 años, emergió frente al grupo de rescatistas que durante casi 24 horas mantuvo una búsqueda en la laguna ABC, ubicada detrás del campus escuela San José.

La señal fue inmediata. Los gritos y el sonido de silbatos rompieron el silencio, varios socorristas levantaron el puño derecho para confirmar que lo habían localizado. En cuestión de segundos, la noticia recorrió la orilla, donde familiares, curiosos y compañeros seguían cada maniobra con la esperanza de un desenlace distinto.
La tarde que terminó en tragedia
Todo comenzó poco después de las 4 de la tarde del lunes, cuando cuerpos de emergencia recibieron a través del 911 el reporte de un menor desaparecido bajo el agua. Para entonces, varios minutos habían transcurrido desde el accidente.
De acuerdo con testimonios recabados en el lugar, un grupo numeroso de estudiantes de una secundaria ubicada cerca del batallón de los soldados, por la avenida Nichupté, habría salido sin autorización del plantel para dirigirse a la Laguna ACC, la más alejada de las dos que están detrás del Campo Escuela San José, casi en la salida hacia la carretera a Mérida.
Según relataron testigos, al menos cuatro adolescentes abordaban dos kayaks cuando ambas embarcaciones chocaron y se volcaron. Los jóvenes cayeron al agua y varios presentes se lanzaron para auxiliarlos.
Una desaparición en segundos
Versiones coinciden en que Eber intentó mantenerse a flote, pero entró en desesperación. Todo indica que no sabía nadar y, en cuestión de segundos, desapareció bajo la superficie sin que quienes trataban de rescatarlo lograran ubicarlo nuevamente.
Los primeros esfuerzos fueron realizados por civiles que se encontraban cerca. Sin embargo, conforme avanzaban los minutos y el menor no aparecía, la angustia se apoderó del lugar.
Minutos después comenzaron a arribar unidades de rescate, mientras familiares y compañeros aguardaban en silencio cualquier noticia alentadora.
Un operativo técnico sin descanso
La búsqueda movilizó a personal del Cuerpo de Bomberos, Protección Civil municipal y estatal, además de voluntarios especializados en rescates subacuáticos en cenotes, cavernas, ríos subterráneos y lagunas de alta complejidad.
Entre los recursos utilizados destacó un dron subacuático conectado mediante extensiones de más de diez metros, operado desde un centro de mando instalado a la orilla para rastrear amplios sectores de la laguna.
Cuadrillas completas de buzos ingresaron una y otra vez al punto donde testigos ubicaban el hundimiento. Sin embargo, las maniobras concluyeron sin resultados al caer la noche, debido a la nula visibilidad y tuvieron que parar todo.
El amanecer y la esperanza
Con las primeras luces de este martes, las labores fueron retomadas. Nadie se movía de la zona. La madre del menor permanecía cerca, aferrada a la posibilidad de encontrar respuestas.
Las horas avanzaban y el cansancio comenzaba a reflejarse en los rostros de quienes participaban en el operativo. Algunos se retiraron a casa, pero no pudieron conciliar el sueño. Muy temprano regresaron a las lagunas y se prepararon para entrar en acción de nueva cuenta.
La laguna parecía inmóvil, guardando un silencio que se volvió cada vez más pesado conforme avanzaba la tarde.
La vela que estremeció a todos
Poco después de las 2 de la tarde, una pareja llegó con una tabla de madera y velas para realizar un ritual popular asociado a la localización de personas fallecidas por inmersión.
La vela avanzó lentamente sobre el agua hasta detenerse en un punto específico, a escasos metros de donde más tarde emergería el cuerpo.
Fue entonces cuando la madre del adolescente, que observaba a unos metros, se quebró. Entre lágrimas, se acercó al sitio mientras repetía preguntas sin respuesta: “¿Por qué él?, ¿por qué mi hijo?”.

El momento inevitable
Pasaron minutos de angustia, en el rostro cansado de los rescatistas ya mostraba desesperación por la falta de resultados, pero fue exactamente a las 3:40 cuando todo cambió, el grupo que estaba muy cerca del punto donde se colocó un flotador como referencia fue testigo de la aparición repentina del cuerpo inerte del joven. Comenzaron a sonar los silbatos y los gritos para alertar al resto del equipo, mientras otros ponían el puño en alto para ubicar el lugar exacto.
El reloj marcaba las 3:40 de la tarde y entre la gente se escuchaba que fue la misma hora en la que se ahogó, exactamente cuándo se estimaba que se cumplían casi 24 horas del accidente, el cuerpo emergió frente a ellos, como ocurre en muchos casos por los procesos naturales posteriores al ahogamiento.
Al cuerpo inerte pero ya es estado rígido le colocaron un salvavidas para mantenerlo a flote y con ayuda del kayac comenzaron a remolcarlo hacia la orilla, donde autoridades activaron el protocolo correspondiente.
Una tragedia que deja lecciones
La muerte de Eber deja una profunda reflexión sobre la supervisión de menores, el acceso a cuerpos de agua sin vigilancia y la importancia de saber nadar.
Lo ocurrido transformó una escapada escolar en una tragedia que marcó para siempre a una familia y a toda una comunidad estudiantil.
La laguna volvió a quedarse quieta al caer la tarde, pero para quienes estuvieron ahí, el eco de los silbatos y el llanto de una madre seguirán resonando mucho tiempo después.
La investigación por la muerte de este joven ya está en manos de la fiscalía General de Quintana Roo, será la dependencia quien investigue todas las versiones que circulan sobre el caso, como el supuesto consumo de bebidas alcohólicas por parte del grupo de estudiantes que se escapó de la escuela secundaria para irse de pinta.




