Entre el ayer y el mañana
Por Pbro. Carlos César González Cruz > Misión Evangélica
Me gusta esta frase: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, pero siempre como referencia. Si sabes que en determinada calle hay una jauría de perros, no debes pasar por ahí.
Debemos recordar aquellas cosas del pasado que nos sirven y que aún en el presente pueden ser útiles. El pasado tiene su importancia; sin embargo, las cosas del pasado que ya no son útiles ni ayudan en el presente, no tiene caso guardarlas.
Así nos recuerda la Biblia:
“Ahora dice el Señor a su pueblo: Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado”.
Isaías 43:18.
Dios nos pide que dejemos atrás el pasado porque quiere enfocar nuestra atención en las cosas nuevas y grandes que Él hará en nuestro presente y futuro.
El pasaje bíblico tiene que ver con el exilio. Ellos fueron llevados al cautiverio por desobedecer a Dios y, como decimos, “aprendieron a amar a Dios en tierra ajena”. Sin embargo, una nueva generación se había levantado, y Dios les dice:
“Pero para ustedes que me honran, mi justicia brillará como la luz del sol, que en sus rayos trae salud. Y ustedes saltarán de alegría como becerros que salen del establo”.
Malaquías 4:2.
Entonces, cuando el pasado tiene que ver con tristezas, es como el muerto: hay que enterrarlo.
Por otro lado, el futuro puede crear falsas y fallidas expectativas. Muchas cosas se acomodan y toman forma de maneras que no esperamos; quedan fuera de nuestro poder y capacidad darles dirección y destino. Cuando esto sucede, sufrimos al no aceptarlo, nos culpamos y culpamos a otros por ello, y hasta maldecimos nuestra suerte en medio de la frustración.
Entre el ayer y el mañana tenemos un presente, tan efímero y volátil, que, sin darnos cuenta, se convierte en pasado sin haberlo aprovechado.
No podemos modificar el pasado, pero no olvidemos que el presente es el pasado de mañana. Si transformamos el “ahora”, cambiaremos el mañana.
¡Bendiciones, amigos y hermanos, caminantes del camino llamado vida!
Pbro. Carlos César González Cruz




