El carácter te define
Todo cambia en estavida. Mutamos y mutan las comunidades. Todo cambia, todo muta, lo único que no cambia, es el propio cambio. El cambio es constante.
La comunidad «El Paraíso», es bonita, está, enclavada en la sierra montañosa del sur de Veracruz. Zona ganadera de gente trabajadora y alegre. Ahí las negociaciones de compra de tierras y ganado no requerían de firmas de papeles ante notario alguno, «la sola palabra vale, y vale mucho», decian. Cerraban el trato con un fuerte apretón de manos y una palmada en la espalda. Me sentía feliz estar ahí, ellos no solo te abrian las puertas de su casa, sino también las de su corazón.
Treinta y dos años después, volví para ver a mis amigos, ya no era la misma gente, ni la misma comunidad, «el progreso político» había llegado; tenían calles pavimentadas, luminarias, un parque, escuela primaria, secundaria y hasta preparatoria, el ruido molesta de los moto taxistas locos que casi te atropellan.
Al llegar, pronto vi que el pueblo era otro. ¡Las personas ya no son las mismas! La maldad las ha golpeado; padres alcohólicos, hijos drogadictos, matrimonios rotos, han vivido secuestros, extorsiones, engaños, etcétera. Se vé el progreso y se ve con tristeza que hay descomposición social.
La alegría, la confianza, los valores humanos que identificaban a la comunidad, volaron.
Los niños que vi, ahora son padres que poco me recuerdan. Algunos amigos ya partieron de esta vida. Todo ha cambiado. Es inevitable el cambio, pero se puede «tener carácter» para permanecer firme e inconmovible ante la corrupción. Se debe tener criterio para dejar un legado en las personas. El cambio es necesario, sin descomponer su integridad. Cambiar sin dejar de ser lo que se debe de ser como persona humana.
En la actualidad, la gente ya no confía en sus gobernantes; ni en la policía, ni en los políticos. Todo es corrupción, dicen ellos.
¿A caso no podemos hacer el intento por levantar una nueva generación de gente confiable? No solamente preguntarnos: «¿Qué mundo le dejaremos a nuestros hijos con la maldad que vivimos?» Más bien preguntarnos: «¿Que hijos le dejaremos a este mundo?»
El descuido sembrado en años pasados nos ha traído estos resultados, pero aún hay esperanza, podemos sembrar ahora valores que se encarnen en la vida de nuevas generaciones. Sí, las grandes distancias comienzan con el primer paso, empieza el cambio en tu propia vida, y tú familia también cambiará para bien.
Bendiciones amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida. Pbro. Carlos César González Cruz.




