Ingenieros estudian a ‘Melissa’
Debe ser un parteaguas para la planificación urbana en zonas de alto riesgo como Quintana Roo.
Por Alejandro García > Quequi
Cancún. El huracán “Melissa”, catalogado como una amenaza sin precedentes y una de las cinco tormentas más poderosas registradas en la historia del Atlántico, no solo acaparó la atención de los organismos de Protección Civil, sino que se ha erigido como un caso de estudio crucial para la ingeniería civil y la planificación urbana en zonas de alto riesgo como Quintana Roo.
El Colegio de Ingenieros Civiles de Cancún, que encabeza Cecilia Hubbard Carmona, indica que la experiencia de “Melissa” refuerza varios ejes de acción estratégica
Primero, revisión y actualización de normativas: la intensidad de este fenómeno, con su baja presión histórica, debe ser el nuevo punto de referencia para la revisión de los reglamentos de construcción local. La infraestructura crítica, como hospitales, refugios, redes de comunicación y vías de acceso, debe garantizar su operatividad bajo condiciones que superen los 270km/h.
Infraestructura de drenaje pluvial: Aunque la trayectoria final de “Melissa” fue errática e incierta, la prevención ante el impacto potencial de un huracán categoría 5 exige que los sistemas de drenaje pluvial estén diseñados no solo para lluvias torrenciales habituales, sino para la saturación extrema y persistente que genera un fenómeno de movimiento lento y gran tamaño.
Y por último, gestión proactiva del riesgo: El monitoreo constante por parte de las autoridades de Protección Civil y la gobernadora de Quintana Roo demostró la importancia de la vigilancia; incluso cuando el pronóstico inicial mantenía al huracán a gran distancia. Esto subraya la necesidad de que los ingenieros civiles participen activamente en los comités de prevención y respuesta, aportando el análisis técnico sobre la vulnerabilidad estructural.
El órgano señaló que el fenómeno que pasará a la historia meteorológica, pero para la ingeniería civil en Quintana Roo debe ser un catalizador.
Es un recordatorio palpable de la naturaleza dinámica y extrema de las amenazas tropicales, y el impulso definitivo para que la práctica profesional se centre en construir un patrimonio duradero a conciencia, asegurando la máxima resiliencia de nuestro entorno urbano ante la fuerza implacable de la naturaleza.





