Los enviados
Pbro. Carlos César González Cruz.
Si tuviera hambre, no te lo diría, porque soy dueño del mundo y de todo lo que hay en él. ¿Acaso me alimento yo de carne de toros o bebo sangre de machos cabríos? Salmo 50 :11-12.
En la mayoría de las personas, hay un sentir humano de “el deber de ser buenos”; Bueno con los padres, los hermanos, los hijos, la pareja; tal vez no tanto con los compañeros de trabajo, no tanto con el vecino gruñón, ni con los que no nos caen bien.
Pero, ¿Por qué ser buenos?; Porque aparte de ser deber humano, debemos agradar a Dios. No debemos ser malos porque Dios nos castigará o porque el diablo nos llevará al infierno. Si rebuscamos en nuestros sentimientos, encontramos “ese vestigio de Dios en nosotros”. La conciencia que muchas veces no nos deja tranquilos, nos hace sentir mal por mal obrar. Esa falta de paz o vacío que sentimos, nos genera la necesidad de buscarla. ¿Dónde la encontraremos? Cuando decidimos ir en busca de “esa paz o tranquilidad”, erróneamente las personas la buscarán en drogas o placer; otros irán a las iglesias para encontrar esa paz con Dios, harán votos o promesas, donarán dinero y otras cosas para obtener lo que buscan.
En realidad, Dios no come, ni nos pediría de comer; Él es Dios, suyo es todo el mundo. Los sacrificios de animales del antiguo pacto, han quedado anulados por el sacrificio de Jesucristo quien murió por nosotros. Entonces, ¿Cómo llenar ese vacío y encontrar esa paz? Bueno, ya sabemos que las drogas no ayudan, ese vacío o necesidad de estar bien requiere de otra cosa. ¿De qué cosa estamos hablando?
Dios quiere que “entendamos”. Así como nosotros queremos que nuestros hijos entiendan lo que es mejor para sus vidas, comprendan que nuestros enojos, reprensiones y regaños es para su bien, para que se formen como personas buenas, para que no se metan en problemas, para que tengan paz y larga vida. Es decir, Dios no quiere nuestros bienes, no quiere sacrificios, no quiere nuestro dinero; realmente no los necesita.
Sin embargo, quien necesita nuestro dinero, tiempo, bienes, comprensión y ayuda es nuestro prójimo, nuestro prójimo es quien está cerca de nosotros, “nuestro próximo”, a quien vemos en necesidad de hacer algo por él. Si obedecemos a Dios, debemos hacer algo por “esos necesitados”. No solo debemos pedir por ellos, debemos pedir a Dios que nos ayude para estar dispuestos para hacer algo por ellos en su nombre. Dios nos llevará al necesitado, sabremos que Él nos está diciendo que hagamos algo por él.
Bendiciones amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida.




