Misión Evangélica: «Conciencias cauterizadas»

Las personas con conciencia cauterizada causan muchos males sin sentir culpa alguna, es mas, festejan sus hazañas. Su conciencia ha quedado insensible y ciega al remordimiento. Todos los seres humanos podemos saber el bien y el mal por sentido común, la misma conciencia nos acusa o defiende. Así lo dice Romanos 2:15:

Demuestran que en su mente está escrito lo que está bien y lo que está mal, así como dice la ley, y su conciencia les sirve de testigo. Sus razonamientos los condenan o los defienden porque cuando hacen lo malo tienen remordimientos y cuando hacen el bien saben que hacen bien y no se sienten culpables.

Si la conciencia está «cauterizada», literalmente «quemada», entonces se ha vuelto insensible. Tal conciencia no funciona correctamente; es como si el «tejido espiritual de cicatrización» hubiera entorpecido el sentido del bien y del mal. Así como el cuero de un animal marcado con una marca de hierro se adormece ante un dolor mayor, así también el corazón de la persona con la conciencia cauterizada, se insensibiliza ante los dolores morales.

El apóstol Pablo identifica a los que tienen la conciencia cauterizada en 1 Timoteo 4:1-2:

«Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia».

Una buena conciencia tiene la capacidad de distinguir el bien del mal y está libre de culpa. Una persona con buena conciencia mantiene su integridad.

 Es importante mantener una conciencia limpia y buena ante cualquier función que se desempeñe, así evitar un día estar en el banquillo de los acusados.

Todo lo que se hace, sea bueno o malo en esta vida tienen sus repercusiones, las oportunidades se deben aprovechar para hacer lo bueno. Lo bueno es bueno porque no causa daño a uno mismo, no le hace daño al prójimo y tampoco a la naturaleza.

Amigos y hermanos del camino llamado vida, pidamos a Dios la sabiduría para hacer lo correcto y así evitar dolores posteriores. Con aprecio, Pbro. Carlos César González Cruz.

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