Somos de quién nos hace su prioridad
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. Mateo 6:21
Pertenecemos a quien ocupa nuestra vida, consume nuestro tiempo y energías; animal, cosa o persona.
Hay quienes llevan a sus perros a una estética canina para hacerlos lucir bellos y caros cortes de pelos y uñas, están pendientes de sus vacunas, compran las mejores croquetas y sufren agónicamente sus enfermedades. Pagan en la clínica veterinaria ultrasonidos y cirugías caras, los suben a sus camas, les hablan con ternura: «papi, mami, amor», los pasean hasta en carriolas o en sus vehículos. Gran parte de su vida es absorbida por ellos.
Me sorprende ver personas llenas de ocupaciones. Estas personas se levantan temprano apuradas para ocuparse «de sus deberes», la noche les sorprende sin haberlas concluido. Ya no les queda tiempo para ocuparse de sí mismas, han descuidado su aspecto y salud. Para ellas lo más importante es ocuparse en «esa cosa que persiguen». Por eso, no les importa cuánto inviertan de su vida en ello, sus ocupaciones es un cráter difícil de llenar y viven en el vacío de una vida ocupada.
Tales personas no tienen tiempo para apreciar un amanecer o un atardecer, no pueden sentarse en un parque a disfrutar una gaseosa o un helado; solo viven para «esa cosa que les ocupa».
Dicen que, «La suerte de la fea, la bonita la desea». Veo hermosas damas casadas con patanes, groseros y feos. Ellas les dieron su tiempo, su belleza, toda su vida, y éstos no las valoraron. Claro que hay ocasiones en que esto está invertido, el asunto es que, después de tantos años de haber casi concluido toda tu vida, se preguntan, ¿Para qué todo esto? Al final del día, de nada sirvió.
Somos de quién nos hace su prioridad; sea animal, cosa o persona; y ahí se va nuestra valiosa vida. Muchas veces ni el animal ni la cosa ni la persona valió el boleto del viaje de toda una vida gastada ahí.
Revolucionarios muertos por una causa olvidada, animales que no expresaron con palabras su gratitud de estar agradecidos y cosas que fueron inalcanzable para otros que murieron por ellas sin lograr nada.
La pausa nos hace reflexionar. ¿Qué fin persigue mi loca carrera en esta vida? Al fin de cuentas, ¿Alcanzaré eso que tanto deseo y busco?
La Biblia dice:
Dios, enséñanos a pensar cómo vivir para que nuestra mente se llene de sabiduría. Salmo 90:12.
¡Bendiciones, amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida! Pbro. Carlos César González Cruz




