Ramón Aguilera: el último frontenista de Dziuché que lucha por rescatar un deporte del olvido

En la alcaldía de Dziuché, donde el paso del tiempo ha borrado muchas memorias, sobrevive silenciosa una reliquia deportiva: la única cancha de frontenis del municipio de JMM. Descuidada, con el piso agrietado y una malla vencida, esta cancha aún conserva vida gracias a un solo hombre: Ramón Aguilera Castillo, un veterano periodista y apasionado deportista que, pese a todo, no ha dejado de asistir para mantener encendida la llama de un deporte que marcó épocas.


Con más de 30 años viviendo en Dziuché, Aguilera recuerda con nostalgia los días en que la cancha vibraba con la energía de jugadores y espectadores. “Aquí se reunían amigos entrañables… todos venían a jugar, a compartir. Hasta los doctores del SESA se acercaban a aprender”, relata con los ojos brillantes de emoción.


Hoy, esa algarabía se ha apagado. Los compañeros se han ido, muchos jóvenes se volcaron a otros deportes y la cancha fue quedando en el olvido. Sin embargo, Ramón sigue ahí, raqueta en mano, enfrentando la soledad y el deterioro de un espacio que algún día fue centro de convivencia. “Soy el único de la vieja guardia que todavía viene a recordar viejos tiempos. Me duele ver cómo se ha abandonado este lugar, pero mientras tenga fuerzas, seguiré viniendo”, dice con firmeza.


El frontenis no es solo un pasatiempo para Ramon “Cenizo” como le dicen sus amigos. Es un legado, una herramienta poderosa para alejar a los jóvenes de los vicios y acercarlos a una vida sana. “Este deporte exige cuerpo y mente. Es estrategia, es velocidad, es disciplina. Te hace pensar, te hace sudar, te hace crecer”, afirma.


Por eso, hace un llamado a las nuevas generaciones: “Acérquense. Yo con gusto les enseño. No dejen que este deporte desaparezca de Dziuché. Es una oportunidad para crear comunidad, para recuperar valores, para vivir mejor”.


Además de exhortar a los jóvenes, Ramón pide a las autoridades y a la comunidad el rescate de la cancha.

“Hace falta rehabilitarla: cambiar la malla, reparar el piso, pintar las paredes. Un pequeño esfuerzo puede hacer una gran diferencia”, asegura.


En tiempos donde la rutina y la tecnología alejan a los jóvenes del deporte, la figura de Ramón Aguilera se levanta como un símbolo de resistencia, pasión y amor por su comunidad. Su lucha solitaria en la cancha vacía de Dziuché no es solo por un juego, sino por mantener viva una tradición que merece ser rescatada.

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