Misión Evangélica: La vida y la muerte, un encuentro entre dos mundos
Inocencio, casi no durmió por el escándalo que hubo en el departamento de su vecino, al salir hacia su trabajo, lo encontró acomodando la basura en los contenedores, y aprovechó para preguntar:
_ ¿Qué fiesta fue la que se hizo anoche en tu casa? _
_ ¡Fue un casamiento! _
_ Qué bien. ¿Y los novios, siguen ahí contigo? _
_ No, el novio está en el cementerio y la novia en el hospital _
_ ¡Qué horror! ¿pues qué pasó? _
_ Nada, el novio es sepulturero y la novia es enfermera _
Viene otra vez la época de los dulces de calabaza, los ricos tejocotes, el hermoso colorido de la flor de cempasúchil, la visita y limpieza de las tumbas de los seres queridos en los panteones. Todos nos alegramos al recordar nuestros seres queridos ya muertos. A través de pláticas, anécdotas y chistes, revivimos lo que vivimos con ellos. Es inevitable la transculturación que encarna los usos y costumbres de los pueblos en su folclor.
El cristianismo respeta las tradiciones prehispánicas que forman parte de nuestra herencia cultural, A pesar de que sabemos que los muertos en realidad no vuelven, reímos con las historias contadas en el marco mitológico: “Vino a recoger sus huellas”; “Se vino a despedir”; “Me vino a visitar para recordarme…”; etc.
Seguramente después de este tiempo de pandemia, muchos lloraremos al recordar a nuestros seres queridos caídos por este virus asesino. Nuestros muertos con los que no tuvimos tiempo para “arreglar cosas con ellos”, esos que no los vimos morir, a los que no velamos, que no los enterramos y de los que no nos despedimos, sin querer, les daremos otra vez vida usando sus palabras: “Como decía el abuelo, como te veo me vi y como me vez te verás”; reviviéndolos en nuestra mente y proyectándolos en amenas charlas hasta derramar lágrimas. Inevitable es este encuentro nuestro con nuestros muertos. ¡Vivamos pues este encuentro entre la vida y la muerte! La visita de aquellos que se han ido y los que nos hemos quedado, los del mas allá y los del mas acá, y sobre todo en el consejo de la Palabra: Porque me acuerdo de la fe sincera que tienes. Primero la tuvieron tu abuela Loida y tu madre Eunice, y estoy seguro de que también tú la tienes. 2 Tim. 1:5.
¡Bendiciones amigos y hermanos del camino, del buen camino de Dios! Pbro. Carlos César González Cruz.



