El regalo de Andrés

Pbro. Carlos César González Cruz.

La profesora Marjorie, cumpliría años al día siguiente, avisó a los alumnos que no trajeran sus útiles, que haría su fiesta con ellos en el salón de Clases. Quería disfrutar ese momento con ellos, y sentir el cariño que sus alumnos le tenían. Andrés, el niño autista, era especial para ella, su incógnita ahora, era saber que haría Andrés, porque siempre tenía comentarios y acciones que en ocasiones eran muy divertidas o muy emocionales. Ella se sentía muy vinculada a Andrés.


La fiesta fue un éxito, los niños celebraron felices a la profesora y llegó el momento de los regalos, y aparecieron flores muy lindas, chocolates, collares y detallitos interesantes. Todos celebraban cada regalo que la maestra abría. La maestra vio muy emocionado a Andrés, él también quería entregar su regalo, se acercó y extendió su mano, ella la suya y lo recibió; el niño sonrió y se fue feliz.


La maestra al mirar en su mano el regalo de Andrés quedó en silencio, en su mano tenía una piedra. No era una piedra especial, era una piedra común y corriente. Trato de fingir una sonrisa. Ella volvió con sus regalos a casa, pero sintiendo que algo de ese vínculo se había roto.


_ Una piedra es algo que está en la calle; ¿Tan poco significo para él? . Ella estaba acongojada, era el regalo que le demostraba más desprecio, se sentía triste y decepcionada, porque realmente pensaba que ella existía en el mundo de Andrés. Al día siguiente, le costó trabajar con Andrés. Sintiendo culpa, decidió hablar con la mamá de Andrés para saber por qué Andrés había hecho esto, tal vez ella podría explicarle esta situación, así que le envió una nota. La madre de Andrés recibió la nota y en su mente pasaron muchas cosas: “¿Qué hizo este niño ahora?” Se preocupó. Le preguntó varias veces a Andrés: “¿pasó algo en el colegio?” le respondió todas las veces lo mismo, “No, mamá”. Al día siguiente la profesora le esperaba sentada en su oficina, en su escritorio solo estaba la piedra. La mamá de Andrés tocó la puerta y la maestra le pidió que pasara. Ella clavó sus ojos en la piedra y sus ojos se llenaron de lágrimas. _ No sabe cómo he buscado esa bendita piedra por toda la casa, mi hijo no se queda tranquilo ni duerme cuando le falta una de sus piedras de la repisa, la he buscándola y me había extrañado que él no notara su ausencia.


La maestra le explicó del regalo de cumpleaños y lo que ella sintió; por su parte, la mamá de Andrés le habló del valor singular que su hijo sentía por ciertas cosas que para él eran muy significativas, pero para el resto eran tan simples. La maestra entendió algo que nunca había visto en el autismo de Andrés, su forma de expresar las emociones y los afectos. Y descubrió que una piedra, puede ser el mejor regalo cuando es una piedra especial, escogida con todo el amor y cariño. Hay mucho amor en una piedra, en un palo, en un dibujo, en cosas simples para algunos, que son significativas “en su mundo”. En el autismo se puede besar o abrazar con un dibujo, con una piedra o con un palo y ese abrazo o beso se queda contigo para siempre.

Tus manos me crearon, tú me formaste; ayúdame ahora a aprender y entender tu Palabra” Salmo 119:113
(Dedicado a Andrés Manquepillán y a Marjorie Lara, una gran profesora.)

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