
Cuaresma de reflexión
Por Pbro. Carlos César González Cruz
El Escultor
Un hombre se compró un burro por primera vez en su vida, muy contento lo subió al techo de su casa y con mucho amor lo acarició y le mostró desde lo alto del techo todas las viviendas al derredor de su casa, para que conociera los caminos y no se perdiera cuando regresaba solo a casa. Lo dejó disfrutar todo el día ahí para que el burro observará bien desde lo alto y desde ahí viera todo.
Al ponerse el sol, el hombre quiso bajar al burro del techo para meterlo al granero, pero el burro no aceptaba bajar, parecía ser que al burro le gustó el techo y decidió quedarse en él.
El hombre trató de convencerlo muchas veces y trató de jalarlo a la fuerza, pero el burro no aceptó bajar.
El hombre le habló fuerte y empezó a golpearlo, y éste comenzó a patear y rebuznar al grado que la casa empezó a temblar, el techo de madera de la casa vieja se veía que no podía aguantar los movimientos y patadas del burro, por lo que el hombre bajó rápidamente para sacar a su esposa e hijos fuera de la casa.
El techo se derrumbó junto con el burro y las paredes de la casa se vinieron abajo. El burro murió.
El hombre se paró a la cabeza de su burro muerto, vio que estaba cubierto de sangre, y dijo:
_ Lo juro por Dios, no es tu culpa, porque tu lugar estaba en el granero, yo soy el equivocado, porque te subí al techo _.
Moraleja:
Es difícil quitar a los burros que han sido puestos en un lugar que no sea su lugar real. Solo aquellos que los trajeron a ese lugar tienen la culpa.
Cuando se nombran a personas inapropiadas para puestos de importancia, donde se toman decisiones importantes, no sorprendan que el sistema se derrumbe y la casa se venga abajo.
Al día de hoy, los burros se han multiplicado en tantos lugares. Yo veo burros en muchos techos; y observo que los pilares de las de las naciones y de las Patrias han sido sacudidos. ¿Cómo quitar los burros de ahí?
¡Sabe Dios si la casa se vendrá abajo y el burro se mate y nos mate a nosotros!
Seguimos en cuaresma de reflexión, Reflexionemos, meditemos y tratemos de cambiar.
“No den a los perros las cosas que pertenecen a Dios, ni echen delante de los cerdos lo que para ustedes es más valioso. Los cerdos no sabrán apreciar su valor, y los perros pueden morderlos a ustedes.” Mateo 7:6
¡Bendiciones amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida!
Pbro. Carlos César González Cruz. El Escultor