El encuentro con Dios
Misión Evangélica > Por Pbro. Carlos César González Cruz
No sé lo que me pasa. Tengo todo, pero siento que todo es nada. A pesar de estar bien y de que nada me falta, no soy feliz.
Aquel hombre solía susurrarse esas palabras al caer la tarde. Sentado en un cómodo sillón, observaba los animalitos domésticos que había en el patio de su casa.
—¡Dios mío! Si tan solo pudiera oírte decir algo, si pudiera platicar contigo, si te pudiera ver, si pudiera hacer algo grande para ti.
El hombre se paró y caminó por el jardín. Ya la noche empezaba a caer. De repente, oyó una voz clara y fuerte que sonó como un trueno:
—¡Será mañana!
El hombre entendió lo que dijo la voz. Miró para todos lados, pero no vio nada. Pensó que eran solo sus alucinaciones.
Ya por la noche, al acostarse, cuando estaba quedándose dormido, sintió que alguien lo tocaba y le susurraba al oído:
—Mañana vendré. Podrás verme, podrás hacer algo grande por mí.
El hombre saltó y se despertó; ya no había dudas, era Dios. Esa noche casi no durmió.
¿Acaso era Dios quien le hablaba? ¿Se estaba volviendo loco?

Se levantó temprano y pensó:
—Por si acaso Dios viene, por si lo puedo ver y puedo hacer algo por Él, debo estar listo. ¿Cómo será Jesucristo? ¿A qué hora vendrá? ¿Qué me pedirá?
Ordenó que prepararan bastante comida, limpiaran la casa y se sentó a esperar. El día transcurrió de manera normal.
Se asomó para ver la calle. Un hombre batallaba cambiando la llanta de su carro. Le pidió ayuda y se ocupó de ayudarlo. Una vez que terminaron, cansado y todo sucio, se metió a bañar y descansó un rato. Durmió profundamente.
Entre sueños, otra vez escuchó la voz como un trueno:
—Muchas gracias por ayudarme con la llanta. Ya pudiste verme y hacer algo por mí. ¡Gracias!
El hombre despertó reflexionando:
—Ahora entiendo: Dios está en el necesitado. Ayudar a mis semejantes es hacer algo por Él.
Pues así dice la Biblia:
“Y dirá el Rey a los que estén a su derecha: ‘Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento. Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme’.
Entonces los justos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber? ¿O cuándo te vimos como forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’
El Rey les contestará: ‘Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron’”.
Mateo 25:34-40.
¡Bendiciones, amigos y hermanos caminantes del camino llamado vida!
Pbro. Carlos César González Cruz





