Caminos rurales en abandono: la voz de Naranjal exige atención urgente

Los caminos rurales que conectan comunidades se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para quienes los transitan a diario. Entre baches, maleza crecida y tramos prácticamente cerrados, la movilidad se vuelve un riesgo constante para automovilistas, motociclistas y ciclistas.


En la comunidad de Naranjal, Lorenzo Hau González levantó la voz para expresar una inconformidad que asegura no es sólo suya, sino compartida por todos los habitantes y viajeros de la zona. “La inquietud que tenemos es que no hay atención en los caminos rurales. Antes había una institución que se encargaba del mantenimiento, pero ya no sabemos qué pasó. Ahora todo está abandonado y eso genera accidentes”, lamentó.


El poblador recordó que en administraciones pasadas existía un esquema en el que se pagaba a cuadrillas temporales para realizar deshierbe y reparaciones, lo que permitía mantener transitables las vías. Hoy, asegura, los vecinos han tenido que organizarse por su cuenta. “De Naranjal a Morelos, ya salimos tres veces a colaborar entre los ejidatarios, abriendo apenas un paso de dos metros con machete y buena voluntad. Lo hacemos porque de otro modo quedamos incomunicados”, contó Hau González.


La situación no sólo afecta la comodidad, sino también la seguridad. “En las curvas es donde más peligro hay, porque la maleza no permite ver con claridad. Es necesario que las autoridades tomen cartas en el asunto, no se trata de un capricho, sino de una necesidad de toda la sociedad”, recalcó.


Otro tramo crítico es el de Naranjal a Pozo Pirata, donde la historia se repite: caminos cubiertos de maleza y secciones con baches profundos. Los vecinos reconocen que el esfuerzo comunitario ayuda a paliar el problema, pero insisten en que la atención institucional es indispensable para evitar accidentes graves.


El llamado de Naranjal es, en el fondo, un grito que resuena en varias comunidades del municipio: la urgencia de que los caminos rurales reciban mantenimiento real y sostenido. En esas brechas olvidadas no solo circulan vehículos, también transita la esperanza de desarrollo de cientos de familias que dependen de ellas para trabajar, estudiar y acceder a servicios básicos.

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