Surgen más revelaciones contra los Legionarios
Ciudad de México
Con Marcial Maciel al frente, los Legionarios de Cristo lograron convertir a su congregación religiosa en una empresa trasnacional que generaba tres veces el presupuesto anual que maneja el Estado Vaticano, esta misma organización se encuentra ahora en el ojo del huracán, pues recientemente se dieron a conocer los casos de abusos contra menores en el Colegio Cumbres radicado en Cancún.
Una de las afectadas dio su testimonio así; cuando la “prefecta de disciplina” del colegio en Cancún, llegaba a una clase para llevar a las niñas a confesión, el ambiente se tensaba. La mujer dirigía a las niñas a la capilla para que el director de la escuela, un legionario de Cristo, abusara sexualmente de ellas.
“Mientras unas leían la Biblia, violaban a las de enfrente, niñas desde 6 años a 8-9 años” recordó una de las víctimas de ese sacerdote, Ana Lucía Salazar, presentadora de televisión y madre de tres hijos.
“Después, nada fue igual, nada regresó a su lugar”, lamentó la mujer entre lágrimas en su casa de Ciudad de México.
La espantosa historia de Salazar, que fue corroborada por otras víctimas y la propia Legión de Cristo, ha abierto una nueva crisis de credibilidad para la otrora influyente orden, 10 años después de que el Vaticano interviniera la organización tras determinar que su fundador era un pederasta.
Salazar, cuya historia ha acaparado titulares en México, fue más allá:
“Yo lo que quiero es que el papa se radicalice. Solo hay una postura, a favor de los niños violados”, afirmó, señalando que no se puede apoyar a una congregación que resguarda a “maleantes, delincuentes, violadores, cómplices y victimarios”.
“No tiene razón de ser la Legión de Cristo. Es como desarticular un cártel, tienes que quitar al cabecilla, desmantelarlo”, añadió.
El caso de Salazar es especialmente grave porque sus padres fueron a ver al obispo, que también era un legionario, en cuanto su hija les contó los abusos a los que la estaba sometiendo Fernando Martínez Suarez. Fue a finales de 1992.
Salazar, entonces una niña de 8 años, estaba jugando dando saltos sobre la cama de sus padres y comenzó a hablar. Su madre escuchaba atónita unos recuerdos que solo años más tarde pudo reconstruir: “lo perturbante que es que te suba el vestido, que me viera, que jalara mi ropa interior, que metiera las manos en mi cuerpo, que me sentara en sus piernas mientras metía la mano en mis piernas, que se masturbara conmigo encima”.
“Dice mi mamá que mientras brincaba parecía una mariposa, como que iba soltando el peso, como que volaba”, rememora. Desde entonces hasta que Martínez fue sacado del colegio pasaron seis meses en los que Salazar estuvo más sola que nunca. Además, nadie quería acercase a ella porque corrió el rumor de que era una apestada. “¿Qué tal si mañana no me levanto y ya descanso?”, se preguntaba. “Ganas de morirme me dieron”.
Otra de las víctimas, Biani López-Antúnez, escribió un claro documento incriminador contra el sacerdote Fernando Martínez que no había sido divulgado hasta ahora, cuando la orden vuelve a encontrarse en el centro de un escándalo sobre abusos y encubrimiento.



